Si lo pensamos bien, el juego del ajedrez no es más que una metáfora de la vida y de nuestra sociedad. Cada ficha del tablero tiene una función y está organizada de una manera jerárquica que impide que las de más abajo escalen posiciones.
Todas, en un momento dado son prescindibles, a excepción del Rey que es quien de verdad maneja la partida y alrededor del cual se basa todo el juego, ya que si cae… la partida termina. Y aunque las demás fichas sigan en pie, son arrastradas a la derrota.
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