En la soledad de mi habitación, con unos 6 o 7 años, ponía a todos mis peluches por parejas, delante de mí, mirando hacia la pizarra que tenía colgada con un alambre en mi habitación. La clase comenzaba a las 5 de la tarde y yo llevaba un registro de ausencias y notas de cada uno de mis muñecos. Y por qué no decirlo, también había observaciones sobre su comportamiento en clase. Los que no se
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