No sé si alguno de ustedes ha paseado una tienda de “souvenirs”, aquellas que proliferan en los lugares turísticos donde hace unos años encontrabas muñecas vestidas de flamencas, castañuelas, azulejos que decían “Hoy no se fía, mañana sí” y ceniceros en los que se podía leer “Aquí no fuma ni Dios”. Uno de éstos últimos, el cenicero de marras, tenía su base operativa en la casa del vecino de al lado. Mi padre, que era de aquellos hombres al uso,de los que marcaron una época, un tiempo donde todav
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