En las manos adecuadas, un pentagrama vacío, un lienzo o una hoja en blanco, adquieren súbitamente, una estrato casi místico, un nivel magnificado.
Esas manos apropiadas, sabrán darles alma y vida, alentarlos, excitarlos, exhortar la fantasía con su talento inspirado, atraer hacia la luz a ese duende iluminado que por ahí anda cohibido, contenido, agazapado, esperando el intervalo, ese momento adecuado para ver la luz del mundo y que puedas disfrutarlo.
Como aquel arpa dormida que Bécquer no
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