Artículo recuperado, y que publiqué en el Boletín de la Hermandad del Cristo de la Vida (Los 33) en la cuaresa de 2005.
El golpe duro y seco del llamador, rompió el silencio, dejándonos la respiración entrecortada y un hilo de melancolía en el corazón, cuando los zancos, volvieron a tierra tras el último crujir de los costeros.
Y, Cristo y su madre María, la Virgen, quedaron nuevamente expuestos sobre sus tronos en la parroquia a nuestros ojos, tras recorrer las calles de una Isl
All rights reserved