Rachel J. Bladovich se despierta con un fuerte golpe en la cabeza, un ojo a la virulé, amordazada, atada y desnuda, en una cama que ni conoce ni recuerda. De hecho, no recuerda nada, salvo que estaba investigando un caso, a priori, fácil.
Entre los muchos y desordenados pensamientos del primer momento que nos permiten conocer la actividad profesional del personaje, así como parte de su vida personal, la detective concluye que su delicado estado no tiene nada que ver con una noche de sexo desenfrenado, por lo que debe esforzarse en recordar qué es lo que la ha conducido hasta esa situación. Y debe hacerlo rápido ya que sospecha que está en peligro de muerte.
Así comienza a narrar los últimos acontecimientos que recuerda, apilando secuencias y sucesos para reconstruir los últimos diez días. La clave de cómo ha acabado así está en esos recuerdos. Poco a poco, el lector avanzará en la historia a la par que ella recupera la memoria.
All rights reserved