Caldwell, Nueva York. 14 de abril de 2014, 23:50 horas.
A menos de cuatro horas para que se desatara un infierno de setenta y ocho jodidos minutos y allí estaba, recostada frente al volante de un Hummer negro, en mitad de un parking que se iría llenando según se acercara el punto crítico, sin dejar de observar los rostros tensos y demudados de todos los que se iban acercando. Había acudido sin cuestionarlo, una llamada de Circen y ofrecía sus puños después de todos sus desprecios y negativas de
All rights reserved