Anoche (víspera de Sant Joan) encendí una hoguera y eché en ella las excusas, las dudas, los miedos, la pereza y lo que sea que me lleva a procrastinar para evitarme la ansiedad que me produce enfrentarme a la página en blanco. Los eché ahí para que se quemaran, con el deseo de volver a escribir ardiendo en mi corazón.
Claro, el deseo por sí mismo no basta. Para que los deseos se cumplan, tienes que poner de tu parte. O sea, actuar. En mi caso: escribir.
Qué fácil es decirlo. Qué fácil aconsej
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