Trabajar como demoledora de festejos no se torna en una tarea llevadera como muchas otras conforme avanza el tiempo. El menor paso fuera de ritmo y ¡zas! te descubren. A pesar de eso, a Sunneva se le daba bastante bien y, por lo general, los clientes insatisfechos no venían por su cargo.
Cuando se equivoca de boda y estropea la incorrecta, no obstante, recibe un ultimátum: o consigue hacer que la furibunda novia perdone al novio y retomen unos nuevos planes de boda… o se despide del único empleo en el que la han aceptado desde que abandonó la universidad.
El mayor obstáculo que se erige en su camino, lejos de tratarse de una venganza por parte de la otra fémina, resulta ser que, tras una sucesión de acontecimientos cómicos, románticos e, incluso, absurdos, el novio se enamora de ella.
Incapaz de ofrecerle nada más que una amistad, Sunneva deberá hallar la manera de que el cuento entre el novio y su novia adquiera su acordado final feliz y escabullirse de la puesta en escena tan rápido como pueda.
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