Elizabeth Kremer había aprendido, en poco tiempo, que los sueños tenían un significado que no debía ignorar, sobre todo, desde que llegó a Inglaterra y conoció a Christopher Stone. Eran precisamente los sueños, los que la llevaron a convertirse en Elizabeth Stone, y pasar por un gran sufrimiento y angustia, que luego se transformó en su mayor felicidad. Su vida con Christopher pudo ser tormentosa en el comienzo, pero todo eso fue olvidado, cuando abrió su corazón a una verdad que no podía seguir
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