Aquella noche, en la soledad de mi bufete, me quedé helado al proceder a la lectura del extenso glosario de cargos que pesaban sobre mi defendido, cuyo caso me había sido adjudicado por el turno de oficio. La parte contraria solicitaba que se tomaran algunas medidas de manera cautelar hasta que, una vez celebrado el juicio, se pudiese sentenciar al acusado.
Por más que busqué una buena estrategia de defensa que lo exonerase de los cargos, no pude encontrarla. Consulté con otros letrados, inclu
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