Por fin, un día expiró el plazo. Había pasado el periodo estipulado y Marta se había esfumado por completo. Ni siquiera las pesadillas nocturnas le atormentaban ya. Esa noche había quedado con unos compañeros de trabajo, pues era viernes, para ir a tomar unas copas. Los más avispados habían intuido su crisis, pensando, los ingenuos, que la soltería, ya entrado en años, era lo que le pesaba. Algunos, con toda su buena intención, lo habían invitado a casa por Navidad, ya que sabían que él carecía
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