Francisco Javier Benítez, o como todo el mundo le conoce, Beni, acaba de volver a España. Llevaba 5 años “jugando al fútbol” en la India. En su momento llegó a ser el más buscado dentro y fuera del campo. A Beni le llegó el dinero, la fama, y sobre todo la fiesta. En lo que resultó ser mejor incluso que con el balón en los pies. Beni vuelve con ganas de bañarse de reconocimiento. Pero en los últimos años ha firmado más sentencias de divorcio que autógrafos.
Las nuevas generaciones no saben muy bien quién es este señor con tripita cervecera y aires de grandeza. Su solución es convertirse en entrenador, y para ello va a contar con la ayuda de Elisa Valderrama, la hija de su antiguo representante, joven y con ganas de comerse el mundo, aunque lo normal es que el mundo se la coma a ella, y de un exjugador promesa que se lesionó demasiado pronto, David Jiménez. Un cerebro del fútbol con menos carisma que Andrés Iniesta con dos triptizoles en vena. En su primer día como entrenador se enterará de que de los 7 hijos que tiene repartidos por el globo terráqueo, uno juega en el equipo al que va a dirigir.
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