El miedo entró un día por la puerta principal y se instaló, como si formara parte de la pintura, en las frías paredes de la casa. En los rincones, las telarañas tejidas para filtrar las lágrimas derramadas en ellos, pasaban desapercibidas a golpe de vista. Los rayos de sol apenas entraban por la ventana y la penumbra solía decorar aquel simulacro de hogar.
Amilanada en un viejo sillón orejero de piel marrón, se abrazaba, temblando como un cervatillo asustado, a sus piernas. Con los oj
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