Vicktor Shklovski (1893-1984)
Tengo setenta años. Mi alma yace ante mí. Tiene los bordes desgastados. Una vez, este libro la dobló. La volví a enderezar. Me doblaron el alma las muertes de los amigos. La guerra. Las disputas. Los errores. Los insultos. El cine. La vejez, que, a pesar de todo, llegó. Me alivia no saber los lugares por los que pasas, no conocer a tus nuevos amigos ni a los viejos árboles cerca de tu molino.* La memoria se ha disipado entre los círculos concéntricos del agua, cuya
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