"Solo vivo, no pienso, y pese a ello, ya no siento ni padezco; cuando lo hago, no es lo mismo. Alcancé la meta, sin sentimientos ni destinos, sin rechazar la soledad, sin tener miedo al abismo. La desgracia de la rutina o la rutina de la desgracia, un día a día asumido. No hay amor más allá del fraternal, el respeto y la oportunidad, hacia cada impar que me rodea, destinándole más o menos de mi bondad, pese a ser el peor de los males, la humanidad. Y con los años, a cada instante de reflexión, c
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