La vida de Dianne Boissieu siempre ha estado lejos de ser fácil.
Con la adrenalina en las venas, los remordimientos en la mente y un peso que ella no pidió sobre los hombros. Ella ha decidido limitarse a hacer solo lo que tiene que hacer.
Jamás fue la niña pija, la hija de papi o la dulce ñoña de instituto, jamás se consideró a sí misma la heroína de su propia historia, siempre supo que los héroes y villanos nunca existieron, que las elecciones propias eran las que nos inclinaban a un lado de la balanza o hacia el otro.
A Dianne alguien le enseñó que la vida era bella, que no todo era blanco o negro, que en el monocromático hay una amplia gama de tonalidades de gris. Sin embargo, ese alguien se fue, dejándola sola, sin su presencia, en su monótona y opaca vida. Con una existencia plagada de dolor, comportándose únicamente como se suponía que debía de comportarse. Y ella aceptaba su realidad.
En las calles la conocen como “la RC Morgan”, ocultando su identidad detrás de un seudónimo, detrás de una máscara de hipocresías y mentiras. Pues todos conocen a las siete leyendas, pero algo que casi nadie conoce es que: detrás de cada leyenda siempre hay un cuento oscuro el cual contar.
Cuando las cosas se compliquen y acepte lo que se negó hasta ese momento, ella deberá enfrentarse a la complicada decisión de entregarse a un momento de pasión o salvaguardar lo más importante en su vida, no puede tenerlo todo y ella lo sabe.
Debe tener cuidado al jugar con el fuego abrasador… aunque, por otro lado: el estallar se siente absolutamente bien.
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