Estas son las memorias más genuinas de quien fuera uno de los primeros cronistas del corazón que vivieron entre España e Italia durante el siglo XVIII. A través de las páginas de esta novela descubriremos las claves de por qué las crónicas sociales han interesado, de forma casi obstinada, tanto a coronas como a sus servicios de espionaje prácticamente desde los orígenes del renacimiento, cuando las guerras comenzaron a dirimirse, a ganarse o perderse, no solamente en los campos de batalla, sino también en palacios, iglesias y conventos, en prostíbulos, corralas de comedias, plazas de toros, tabernas y demás mentideros.
Con la corona española del último de los Austrias, Carlos II, como telón de fondo, incapaz éste de dar un sucesor a su estirpe, se generaron una serie de vicisitudes que constituyeron un excepcional espacio para la proliferación y el trabajo de estos cronistas sociales, los cuales utilizaron todas sus habilidades para espiar a unos y otros con inusual saña.
En la cronología de esta historia adquirirán un protagonismo especial la Princesa de los Ursinos, por supuesto los reyes de España y Francia, así como un sinfín de referencias más, hombres y mujeres de bien aunque hacedores de mal, de mucho mal, que tuvieron alguna relación con el más chismoso de todos los frailes que la historia haya jamás conocido, Fray Manuel de San José, azote del primer borbón español, Felipe V, de su segunda esposa, la Parmesana, y de su plenipotenciario primer ministro, José Patiño.
Las páginas de la novela, plagadas de situaciones hilarantes que narran la historia del fraile-cronista, a quien el pueblo español conoció como el Duende Crítico de Madrid, servirán para presentarnos también algunos de sus acompañantes en esa noble tarea del chisme, perfiles como los de Nativity Saint Stephen, Francis Braggart o Francis Ferguson, Peace Gullible, Michael Early, Mary Duckling o Antonio Huntler, personajes todos ellos de rabiosa actualidad.
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