Ese punto de fuga donde el mundo se detiene, la mente se abre y nos evadimos; el arrebato cuando descubres una canción, una obra de arte de tres minutos y medio, y quedas extasiado, sin poder respirar, con agonía absorta y expectativa. En la niñez ocurre con nostálgica simpleza. Por eso el paso del tiempo es un enemigo para todos aquellos buscadores constantes de ese punto de fuga, de esa emoción.
Sentado en el sofá, la televisión de fondo, tu cabeza silueteada por su luz de ruido blanco, el ca
All rights reserved