-Todo en orden, ¿no? , le dice Javier Gutiérrez a Raúl Arévalo en la frase conclusiva de este film que, tras una minuciosa e inquietante trama, deja las cosas en su sitio, y no en un lugar cualquiera, sino reposando en ese territorio insólito, asfixiante por momentos, que conforman las marismas del Guadalquivir.
La historia queda así perfectamente cerrada, con toda su verdad resuelta para el espectador y unas cuantas omisiones y simulacros sumergidos para siempre en el alma de los dos pro
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