Éramos quinceañeros. El pelo en la cara casi brillaba por su ausencia, no así el de nuestras cabezas. Tupés, patillas, coletas, melenas, crestas, y todo tipo de artefactos estéticos nos distinguían y vinculaban como miembros de una tribu, de un estilo, de una música. Los 80´s fueron un lugar de encuentro más que nada, más que todo, donde el fin de semana se fundían y se confundían al atardecer los sonidos de los viejos tocadiscos. Uno de aquellos maravillosos vinilos, vinculado a la creación del
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