La hermana Jacqueline salió del refectorio escondiendo algo, en la manga izquierda de su hábito. Caminó hasta la iglesia conventual, donde encontró a la hermana Dominic, que yacía en el suelo, frente al altar; mantenía los brazos y piernas estirados y el rostro pegado a las baldosas. Dominic sintió el abrazo de su hábito de sayal, estirado por las manos delicadas de la hermana Jacqueline, que después, le acaricio la toca. La hermana Jackeline depositó algo en el suelo, por su aroma, ácido y algo
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