Ritmos cardíacos,
campanas,
compases herméticos,
golpes sonoros de inundaciones;
pasos de baile intentados
en los circos que fueron un día
mareas de veinte años...
...la esencia del yo concreto,
el singular,
sin otros,
sin los ajenos,
sin paridad.
Ignoré los caminos que existían
de la misma manera que no acerté a comprender
qué había fermentado en mi,
transformando con ferocidad
lo que era un limbo distraído
en un lugar donde saber estar,
y, sin embargo,
cuando me di cuenta de
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