Supe que a mi mejor amigo le ocurría algo raro cuando, mientras conversábamos, empezó a perder el hilo de sus ideas y a divagar sin control. Poco a poco su salud mental se agravó. Tratar con él era una verdadera locura. Estaba tranquilo y en paz, pero, de repente, se volvía iracundo y hablaba en un idioma extraño que nadie entendía. Como si tuviera doble personalidad. Me tenía muy preocupada. Le diagnosticaron «envenenamiento por mercurio». Toda una vida fabricando sombreros para la realeza en c
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