Lo peor de la Navidad es el recuerdo de los que ya no están. Por otra parte, nos gusta pensar que es el momento de olvidar las afrentas, los enfados, los desencuentros de todo el año o quizás de una vida. Lo importante es que nuestra mesa no esté vacía en Navidad.
—¿Has hecho todo tal como acordamos, Alf? —dijo el anciano de pelo blanco sentado en medio del salón sumido en sombras. Más allá de los cristales, la noche se vestía de luces de colores. Era nochebuena en la gran ciudad.
—Sí, Nikos.
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