Es el 27 cumpleaños de Manu y los amigos van a salir a celebrarlo. Como cada sábado, Manu se masturba antes de salir de noche, para aguantar si conoce a una chica. Tras arreglarse, Manu va hasta el piso de unos amigos para hacer botelleo antes de ir de bares. Una vez allí, sus amigos le recuerdan aparentemente de coña una vieja promesa: si Manu llegaba hasta los 27 siendo virgen, ellos le pagarían entre todos una prostituta para desvirgarse. Los chicos ríen con la broma. En realidad, Manu lleva fatal su virginidad.
Ya en el pub, los chicos entran a una chica tras otra. Manu trata de acercarse a alguna también para invitarla a beber, pero es invisible para ellas.
Fuera del pub, los chicos suben al coche en dirección (supuestamente) a una nueva discoteca. Las risas de sus amigos preocupan a Manu hasta que sus temores se confirman: los chicos llegan hasta un club de alterne.
Manu está tenso y cohibido. En seguida, una chica lo coge de la mano y lo lleva hasta la habitación mientras sus amigos ríen a carcajada limpia. Una vez dentro, Manu se siente tan nervioso que tartamudea. La chica le lava los genitales. Cuando van a ponerse a la acción, Manu es incapaz de tener una erección y por lo tanto, de tener sexo con la chica. Se siente terriblemente humillado.
Amanece. Los chicos caminan por el parking de tierra del club de alterne. Hay algo decadente y triste en el espacio. Un amigo de Manu le echa la mano por encima: “Qué, ¿cómo ha ido?” dice con una sonrisa pícara. “La mejor noche de mi vida”, miente Manu.
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