El futuro. Una época resplandeciente, que avanzaba en la igualdad, los derechos, el respeto, la diversidad, la pobreza, una evolución implacable, impecable, en la esfera terráquea. En un mundo en el que en el pasado lo consideraban como utópico. La tierra brillaba verde y azul.
Ondeaba la bandera de la concordia. Décadas atrás se agruparon íntegramente los países y se llevaron a cabo múltiples tratados internacionales, para abandonar y destruir sus defensas militares.
Sin embargo, en el año 2182 surgieron y se engendraron en las zonas rurales descontroladas revueltas en contra del sosiego en todos los rincones, en cada lugar, que después se trasladaron a las ciudades, que cayeron y provocaron una vorágine de caos y desorden. Se crearon nuevas medidas de inmediato, obligando a las mujeres, a los niños, ancianos, a la población sin excepción a producir sin pausa armamento para salvaguardar su territorio, y protegerse. Unos enfrentamientos que duraron tres años, los tres primeros años de regresión, las Naciones se habían enviado apoyo mutuo para la interceptación de esas insurrecciones, pero los gobiernos descubrieron las grandes riquezas que generaron, y ambicionaron más territorio, para generar más beneficios. Desencadenó una masacre sin igual. El mundo se vio envuelto en una guerra mundial y la paz ya no es una opción. Se encontraban en una lucha sin igual. Convirtiéndose en cruzadas globales.
Las consecuencias son devastadoras, no solo hubo escasez de agua, productos básicos y cortes de luz, sino que, tras el tercer año de regresión, al ser regresión, porque si no, no hubiera sido una regresión, se decidió que las mujeres no podían participar en la guerra, ni en las oficinas, ni en ningún otro oficio, solo y únicamente en el hogar. El hombre, de nuevo, volvía a ser la raza superior. Y la mujer retorna a la sumisión, abnegación y discriminación legal. Volvieron a los siglos anteriores, al inicio de su contador.
Todo crecimiento, desarrollo, progreso habían sido destruidos.
El gobierno en su caótica gestión de control decidió la imposición y obligación de la religión para todos los ciudadanos.
Las ciudades quedaron en escombros, arrasaron rascacielos, edificios, no quedó nada. Tampoco las modernidades de los años atrás, ni red inalámbrica ni si quiera gran parte de la vanguardia tecnológica. Quizá si vehículos, escasos, defectuosos y españoles.
La población regresó a las zonas rurales, que tuvieron que construir desde cero, edificando como en aquella otra época que parecía lejana y olvidada.
Ahora nos encontramos en el mes de mayo de 2194. Han pasado trece años. Es el treceavo año de conflicto, que no parece terminar. Y algún lugar de la costa mediterránea española, que dispone de un pequeño puerto, su playa de arena blanca con aguas cristalinas, calles estrechas, una iglesia vieja que pudo salvarse, y unas casas blancas, bajitas y encantadoras que están conectadas por plazas, en una de ellas viven cuatro mujeres, a las que acompañaremos en su vida, en este punto de la historia, con sus vicisitudes tragicómicas, en tonos absurdos y amargos.
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