Asegura que los recuerda inmóviles y erguidos ante la intemperie, ropa sobre ropa, sosteniendo la postura frente al viento helado. Afirma que ese recuerdo le ha servido, desde entonces, como vara a la hora de conceder o retirar respetos y consideraciones (quién les hubiera dicho que iban a servir para medir dignidades; precisamente ellos, que habrían oído la palabra pasiego como un ultraje).
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