Ha pasado un año. Aiko da a luz a Tomoe, la hija de ella y de Oishi, pero la madre muere en el parto. El funeral de Aiko es muy emotivo y desgarrador tanto para Oishi como para el padre de la difunta. Oishi reniega de la niña, a quien culpabiliza de la muerte de Aiko, que queda a cargo de Kira. “¡Por qué no murió la niña en vez de la madre!” -se lamenta. Oishi no puede quitarse de la cabeza las últimas palabras que Yasujiro le susurró antes de morir: “cuida de ella”. Se considera un miserable por no haber estado a la altura de las circunstancias, por mucho que Kira le consuele diciéndole que él no tiene la culpa de la muerte de Aiko.
El padre de Aiko muere de vejez y de tristeza por la muerte de su hija, y Oishi es nombrado jefe supremo del clan. Se celebra un nuevo funeral, que es más ceremonioso que el de Aiko.
Oda, el hermanastro bastardo de Aiko nacido de una relación del padre de ésta con una concubina, que había permanecido oculto en el destierro por orden de su padre, se presenta ante Oishi para reclamar su derecho a la jefatura del clan. Oda conoce a Tomoe, la hija de Oishi y de su hermanastra. Oda cuenta con el apoyo de los soldados del clan de los Takeda que sobrevivieron a la guerra de clanes. Viven en las montañas y están formando un pequeño pero temible ejército que amenaza con reconquistar las tierras de los Takeda para, a continuación, intentar derrocar al clan de los Hojo. Oishi hace caso omiso a sus peticiones, ya que ha sido elegido jefe del clan de forma legítima, y le advierte que irá a la guerra contra él si abandonan las montañas e intentan reconquistar el territorio de los Takeda. Oda se va sin llegar a ningún acuerdo con Oishi.
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