—Dispara —murmuró en mi oreja, más que un favor era una orden —. ¡Dispara! —su tono de voz era mas grave, más autoritario —.¡Dispara de una puta vez, Daryl, sino quieres que esta mujerzuela nos meta en problemas!.
Aileen Myers estaba de rodillas frente a mi, su cuerpo tembloroso, sus lágrimas empañaban sus ojos, con la mirada me suplicaba que no lo hiciera, su labio y quijada temblaban.
—Dispara Daryl —seguía susurrando en mi oreja. Si quería que lo hiciera era para salvar su culo no el mio. Estaba entre la espada y la pared, me sentía acorralado.
—Por favor —suplicó con la voz en un hilo. Se había mantenido en silencio pero al hablar todas mis barreras cayeron.
¿Cómo había llegado a este punto?. ¿Cómo era posible que llegué a tal grado de estar a punto de matar a la mujer que tanto amaba?.
—¡Mátala! —gritaba mi padre —. Mátala o estamos acabados —no sabía que hacer, ella no tenía la culpa de las malas decisiones que había tomado mi padre y menos de las que había tomado yo. Ella era solo una víctima de los enredos del destino.
—No puedo —dije con un dejo de arrepentimiento en la voz.
Apreté los ojos y tomé la única decisión que creí conveniente en ese momento, le puse el seguro a la pistola y antes de bajarla una detonación y un dolor en el costado me hizo caer al suelo.
Todo había terminado, así como había empezado así terminó.
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