TEMPORADA 3 DE "CONFIAR EN DIEGO"
La «D» no es por su nombre.
Tampoco es por ser sinónimo de «desastre», aunque en su momento lo fuimos, específicamente el día que creímos sernos infieles.
Lo que Diego y yo tenemos cabe dentro de tantas «D» que me faltarían incluso palabras. Sin embargo, las que más van con nosotros, y las que más amo con locura al grado de tatuármelas son estas: delicadeza por cómo nos tratamos tanto fuera y dentro de la cama; un deseo intenso por querer ser los mejores padres para nuestro Sebastián, las mejores personas que alguna vez quisimos ser de niños; delirios placenteros al alcanzar aquellos orgasmos que a veces juro nos causarán demencia por su potencia y que ciertamente nos provocan una disnea tan errática que nos toma muchos minutos en recuperarnos; dominancia al querer ver quién tiene el poder cuando estamos desnudos.
Y... Creo que aquí le paro a mi ensoñación a plena luz del día y a mi manía de querer describir mi relación con mi hombre.
Lo cierto es que, dentro de todas las «D» que nos quedan por descubrir, ruego al cielo, o más bien, imploro de rodillas que las «D» de dolor, desconfianza, desespero y desesperanza no estén, ni por asomo, cerca de nosotros.
Esas son las únicas palabras que no desearía fuera transformadas en una realidad lóbrega.
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