La visita
Visitábamos la iglesia de Santiago, en Calahorra. La penumbra, el olor a incienso y la fuerza histórica de las figuras representadas, hicieron que sintiera el deseo de introducirme en esas escenas. Pero me vi en la calle, una calle desconocida donde la gente no vestía como yo. Era la villa de Peralta, según me informó un lugareño, y al acercarme al puente, presencié la pelea de dos personas que se agarraban con furia. Intenté separarlos. Se acusaban de malas mañas a la hora de obtener los favores del cabildo y del alcalde para construir retablos y obras civiles. ¡Qué familiar me resultó la disputa! Pero me apartaron y uno de ellos golpeó al otro, que cayó inerte sobre el empedrado. Se oyó: «¡Han matado a Camporredondo!»
—Andrés, ¿estás bien? —preguntó mi amigo, al verme tan distraído.
—¿Quién realizó ese retablo? — dije, señalando el altar mayor.
—Diego de Camporredondo.
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