“Empujarla y fuera”. Algo tan simple y escueto que podría parecer incluso fácil pero que guarda tras de sí años y años de esfuerzo, trabajo, decepciones e incluso lágrimas. El mundo del fútbol nunca ha sido fácil en Cartagena, para tocar el cielo en la ciudad portuaria y vivir un instante mágico, primero hay que tocar fondo varias veces. El ascenso de Torrejón en el 82 era el último precedente al que podía agarrarse el Fútbol Club Cartagena, un club que aspiraba a repetir la gesta del antiguo ‘Efesé’ pero que solo había heredado la cara amarga del fútbol cartagenero.
La temporada 2008/2009 comenzó con el ambicioso objetivo del ascenso a Segunda División 27 años después. Con un proyecto dirigido por Paco Gómez en la presidencia y David Buitrago y José Puche en la dirección deportiva, el Fútbol Club Cartagena formaría un equipo que fuera capaz de luchar por el primer puesto y posteriormente por el ansiado ascenso de categoría. Con el técnico gallego Fabri González a la cabeza y un grupo de jugadores que más que un equipo, fueron una familia durante esos meses, los albinegros afrontaban un curso que no iba a ser ni mucho menos tan sencillo como parecería a posteriori.
Un comienzo fulgurante situó al equipo entre las primeras plazas clasificatorias. El estilo peculiar de Fabri parecía funcionar y todo apuntaba a que los cartageneros lucharían por el ascenso, aunque no todo era tan bonito como parecía y la relación entre la plantilla y el entrenador no terminó de cuajar. Una sucesión de conflictos con algunos de los jugadores, junto a una serie de malos resultados desembocarían en la destitución del gallego y la posterior llegada de Paco Jémez.
“Un bombazo” es lo que supuso la incorporación del nuevo entrenador que cambió tanto el estilo futbolístico como la relación con la plantilla. El mal ambiente desparecería dando paso a una unión total dentro del vestuario. Aun así, el camino iba a ser duro. Con algo menos de la mitad de la temporada por delante, el Cartagena de Jémez se tambaleó y tuvo que luchar por recuperar un liderato que costó mucho conseguir y que otra vez se volvía a esfumar.
Para poder ascender, los albinegros tendrían que conseguir una buena racha en partidos clave frente a rivales directos que estaban marcados en rojo en el calendario. Tras superar varias pruebas de fuego y recuperar la confianza perdida, el Fútbol Club Cartagena terminaría logrando el liderato y afrontando una fase de ascenso que estará escrita para siempre en los libros de historia del fútbol cartagenero.
El último escollo para lograr el sueño sería el Alcoyano de Pepe Bordalás, un equipo rocoso y temido al que habría que doblegar en una eliminatoria a doble o nada en la que el vetusto campo de El Collao dictaría sentencia. La tarde de Alcoy quedará para siempre en la retina de los aficionados albinegros. La caída de Fernando Martín y la carrera de Carmona darían paso al instante mágico que se llevaba esperando 27 años. “Empujarla y fuera”.
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