La violencia de género ha sido y sigue siendo una de las manifestaciones más claras de la desigualdad, subordinación y de las relaciones de poder de los hombres sobre las mujeres. Este tipo de violencia se basa y se ejerce por la diferencia subjetiva entre los sexos. En pocas palabras, las mujeres sufren violencia por el mero hecho de ser mujeres, y las víctimas son mujeres de cualquier clase social, nivel educativo, cultural o económico. La violencia de género es aquella que se ejerce sobre las mujeres por parte de quienes estén o hayan estado ligados a ellas por relaciones de afectividad (parejas o ex-parejas). Fuera del marco de la relación de pareja no se entiende, por tanto, que es violencia de género.
Desde que se desató el brote de COVID-19, los nuevos datos e informes que presentan quienes están en primera línea revelan que se ha intensificado todo tipo de violencia contra las mujeres y las niñas, sobre todo, la violencia en el hogar.
El confinamiento ha aumentado el aislamiento y las barreras, ha aumentado los factores de riesgo de violencia de género personal y social y ha dificultado la búsqueda y denuncia para poder recibir ayuda. Esta situación conduce directamente a un aumento de dicha violencia.
Además, durante el confinamiento, la convivencia obligatoria que supone para las familias la cuarentena por el coronavirus puede aumentar el riesgo de sufrir agresiones en el caso de las mujeres víctimas de violencia de género, que se ven obligadas a compartir constantemente el espacio del hogar con sus agresores.
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