Cuenta la leyenda que una vez hubo una chica. La luna es el astro con el cuál nació, y con ella, un oscuro secreto.
¿Qué pasaría si un día la luna y un sol se encuentran? Exacto, un eclipse total. Oscuridad dominaría.
La chica creció, pero por cada error cometido, más maldad guardaría su alma. Al llegar a los 18 años, si era demasiado mala, atrocidades estarían por venir.
La calle Mersuiz era una llena de paz, hasta el día en que la luna colisionó con el sol.
Uno tras otro fueron cayendo, ancianos, hombre y mujeres, todos con algo en especial. El color de ojos era color miel. ¿Algo tenía de especial eso?
Y otro dato, a todos se les encontraba una nota, que decía: La oscuridad es solo el principio.
Y lo firmaba la luna. Cuando todo sucedía, se oían bellísimas notas de un violín.
Todos creían que se trataba de un asesino serial, pero nunca se encontraron huellas o algo que se vinculara con el autor.
Nadie sabía qué estaba pasando, hasta que un detective cuyo conocimiento mitológico era más extenso que el de otros compañeros, llegó.
Él sabía que dieciocho años atrás hubo un eclipse. Y nadie entendió.
Él explico que todo se trataba de una antigua leyenda griega.
Contó que cada mil años la luna se situaba exactamente justo al lado del sol, entonces ambos rayos provocaban una "kiustz", que era una especie de luz especial color escarlata. Y se creía que quien nacía bajo esa luz, al cumplir 18 años, si sus actos eran nobles, la bondad dominaría en la tierra por mil años más, pero, si eran perversos, mil años se vería la tierra oscurecida.
El detective empezó a indagar.
Se estaba acercando más a la o el asesino.
Después de averiguar sobre nacimientos cerca del lugar donde la luz llegó, se encontró con una sola chica. Giselle Selíni.
Fue a interrogarla. Mala elección.
Entre todas las preguntas hechas, ella se mostraba indiferente.
Se hizo demasiado tarde interrogándola, y cuando creyó que ella no era la culpable, ella dijo algo que le sorprendió: "La oscuridad es solo el principio".
Nadie sabía nada acerca de esas notas que se encontraban junto a los cadáveres. Nadie, excepto los detectives y el asesino.
-Quedas arrestada por múltiples homicidios. Tienes derecho a guardar...
Y no termino de hablar, cuando ella se abalanzó sobre el detective. Sacó unas garras extremadamente largas y se las clavó en el pecho.
Y, cuando estaba a punto de darle el golpe mortal, le sonrió de la manera más cínica posible y lo mató.
Bellas notas se escucharon, y con ellas una gran y delicada risa.
Nunca nadie supo quién era la asesina.
¿Y el color de ojos? ¿Qué tenía que ver? Pues, el color de todos los que murieron, incluido el detective, eran color miel, como el color que el rayo del sol mostraba cada mil años.
Y la luna... ¡Ah! La bellísima luna, lloraba a mares, mientras era testigo de todo...
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