—Ey, despierta, despierta. Ya va siendo hora de que despiertes. Llevas demasiado dormida. Despierta. Ey, ey, ey, escúchame, despierta de una vez. Debes despertar, sino luego vas a estar atontada todo el día. Venga, despierta, despierta, Ey. Venga, escúchame. Muévete. Despierta. Ey, ey, ey…
La voz que escuchaba era impertinente y pesada como ella sola. Pero tenía que despertarme de una vez, no podía remolonear más.
—Ey, despierta de una vez. Venga, por favor. Escucha, despierta de una vez que t
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