Estoy en una encrucijada, donde lo único que pierdo, sin lugar a dudas, es el tiempo. Las metas, antes claras, ahora son confusas.
Previo a este estado, soñar era un pasatiempo imprevisible, increíble e inefable: sin fin.
En este momento lo único que deseo es sucumbir a un sueño sin final, donde no me alcancen las garras de la cruel soledad.
¿Qué está pasando?
Nada es lo mismo. Nada llena el vacío: ni escribir burdas letras o leer por horas un libro.
Necesito poder respirar, pensar c
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