Esa criatura teme morir.
En sus manos agoniza la vida,
y no llora por esas pérdidas.
Son llantos muertos en incertidumbre,
tan silenciosos que el berrido de
un bebe es más alentador.
Esa criatura teme la hambruna.
Entonces engulle la carne con desesperación,
sin dejar nada a nadie.
Porque el miedo es sólo suyo,
y el dolor a nadie lo lastra como a él.
Esa criatura se niega a vivir.
Los cuentos en la cabeza le anestesian,
con suaves susurros en su seno.
Porque la realidad es horrible
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