Han pasado cuatro días desde la aparición del ser fantasmagórico y Rosa intenta asimilar si fue un delirio provocado por el accidente. Esa mañana, le van a dar el alta hospitalaria y Francisco se despide de ella. Le entrega su número de móvil y le dice que la vitará lo antes que pueda y que se verán a escondidas de Guillermo. Cuando éste llega al hospital, Rosa y Francisco disimulan.
El camino a casa lo hacen en silencio: Gillermo conduce y Rosa mira el paisaje. Poco después, ella descubre que vive en un mastodóntico chalet con su marido y su hijo. Conoce a Virtudes, la cocinera, y a Serafín, el jardinero. Le enseñan la casa y, durante la comida, Guillermo le explica a Rosa que pronto será el cumpleaños de su nieta y que tienen que plantearse qué regalo comprar. Ese año, a diferencia de otros, su hija quiere dinero para la niña.
Después de la comida, Guillermo se marcha malhumorado, por cosas del trabajo, y Luis recibe el encargo de mostrarle a su madre el resto de la casa. Rosa descubre que tiene una habitación para ella sola y lo recibe con alivio. Cuando su hijo se va, ella rompe a llorar.
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