El acto de escribir es un proceso difícil de desentrañar, mucho más cuando se escribe por primera vez. El protagonista de esta novela, un joven atormentado por lo que él llama «el monstruo de mil cabezas», recibe un día una extraña llamada de teléfono: su novia, muerta dos años atrás, le pide que vaya a buscarla a un hotel en el que veraneaban todos los años. Este suceso da comienzo a una historia en la que el personaje, además de intentar comprender lo que está ocurriendo, tratará de dar también con las claves de la escritura, atravesando para ello un camino experimental que parte de su propia vida y culmina en un mundo onírico, en el que sufrirá algunas revelaciones que van más allá de la propia novela.
Reflexiones acerca de la enfermedad, del miedo a la muerte, de la literatura entendida como goce, de la literatura malentendida como terapia; críticas al sobreexplotado viaje del héroe, a los personajes prototípicos, a los libros de autoayuda; exploraciones sobre los límites de la literatura, sobre la visión de las generaciones en la Historia, sobre el falso recuerdo de las relaciones amorosas, sobre el deseo o sobre la represión. Todo esto elaborado con un lenguaje poético y cuidado, un lenguaje vivo que da forma a una novela que no es más que una continua búsqueda, un constante experimento, un tanteo en el que, como el protagonista dirá al comienzo de la obra, el resultado final será lo de menos. Porque, si algo tiene alguna importancia, solo puede ser el hecho de hacernos la pregunta.
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