Jerome, Vincent, Frankie y Darrell no eran los mejores amigos de clase, ni tan siquiera eran compañeros de pupitre, sin embargo, aquel mediodía de octubre decidieron entrar en la propiedad del señor Williams para hacer el imbécil, como más tarde admitieron.
De los cuatro, tal vez Frankie, la pequeña sabandija con cuatro ojos que te escupía a la cara si te metías con él, y Darrell, el simpático regordete que cumplía a la perfección su papel de payaso oficial de clase, eran los únicos que compart
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