—Venga, entra. No seas cagueta.
—¡Oye! ¡Yo no soy ninguna cagueta! Solo es que no quiero hacerme daño. —Con una mano temblorosa se recogió el pelo detrás de la oreja—. Ahí dentro está muy oscuro y nos puede pasar cualquier cosa.
—Pero no hemos venido hasta aquí para nada —dijo Sara y sacó de su bolsillo una pequeña linterna—. Dijiste que vendrías conmigo a la cueva, así que ahora te toca entrar, por bocazas. Ve detrás de mí si quieres, solo quiero dar un vistazo.
—Dije que vendría contigo, pero
All rights reserved