La historia del cortometraje inicia cuando Areta de Sirene recluta a Lucrecio, quien deambula por La Hacienda del Muerto. Lucrecio es llevado al edificio del Centro de Arte Roberto Garza Sada, en donde conoce a Sócrates y es introducido al proyecto. El primer día le efectúan un tratamiento de limpieza primaria, duerme varios días. Despierta y es llevado a recorrer distintos espacios del edifico para presentarle las actividades que se realiza en el Proyecto Sócrates.
Lucrecio en silencio observa y sabe, sin ser del todo consciente, que debe estar ahí. Inicia un viaje de transformación. Deambula por el lugar intentando escuchar su atosigado mundo interior y dejándose envolver, proteger, por las formas, texturas, luces de la arquitectura del edificio, que funciona como un ser vivo que acompaña la transformación de Lucrecio, dándose una especie de diálogo poético entre Lucrecio y el espacio y atmósfera del Centro de Arte. Esta transformación se ve evidenciada en dos elementos externos de Lucrecio: La vestimenta, que paulatinamente se despoja de prendas y adornos, hasta terminar vistiendo tan sólo una túnica roja y rasurado la cabeza. Y segundo, el ritmo al caminar se hace más lento y pausado según va entendiendo sus ideas y emociones propias. En este viaje de transformación Lucrecio trabaja en los distintos cuartos, medita, deambula y tiene diálogos con Sócrates.
Finalmente Lucrecio logra un estado de consciencia y creatividad propia, despojado de la homogeneidad de ideas en la que ha vivido, y es devuelto al mundo para transmitir las ideas, pensamiento e información en contracorriente a la información homogenizada que circula en el planeta.
Lucrecio es dejado en la Huasteca, viste su túnica roja, lleva un pequeño bolso en donde guarda un aparato electrónico y un cuaderno. Lucrecio observa su entorno con especial atención, como un re-descubrimiento de su entorno. Saca el cuaderno y escribe: Día 1.
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