Huele a mar, huele a sal. El viento de lebeche sopla con fuerza y hace que mis cabellos ondeen, igual que las banderas del Club de Regatas, igual que las banderas de Capitanía. Solo escucho el viento y la mar golpear contra las rocas. Las escotas de los barcos zurren, se golpean con el palo mayor o la botavara en una especie de abrazo que igual es por pasión o por traición. Pero están destinados a convivir juntos, por lo que los golpes, unos días más fuertes, otros apenas leves, han de vivirse y
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