Salió de casa con el vestido puesto, por vez primera. Se lo había acabado su abuela semanas antes de morir, eso sí, satisfecha de una vida sacrificada por los suyos y sus convicciones. Una abuela cigarrera afiliada a la CNT en la Fábrica de Tabacos, mas también una abuela laboriosa que pretendía inculcarle su mismo afán por la urdimbre de los hilos y la vida. “Nunca deshagas nada que no seas capaz de hacer” _le decía impulsándola a aprenderlo todo, incluso aquella endiablada labor que se le caía
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