Roberto no quería sentir y, mucho menos, enamorarse. Permitir que alguien llegase a su corazón, podría tener consecuencias desastrosas. Pero conoció a Tessa, y lo que consideraba válido hasta entonces, empezó a dejar de serlo. Sus ideales se agrietaron y se asustó, porque cuando estaba con ella, cualquier cosa era posible.
A Tessa, su parte analítica, le dijo que Roberto no era de fiar. Pero aun así, después de un par de encuentros fortuitos, una cita que no era tal cosa, y otra que sí, aceptó
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