Érase una vez un niño que tenía un cabreo tremendo.
Estaba enfadadísimo y no paraba de darle vueltas a lo que le acababa de suceder. Y cuantas más vueltas le daba al asunto, más se cabreaba. ¡Menudo berrinche!
Poseído totalmente por la rabia empezó a darle patadas a una piedra que encontró casualmente por el suelo y, patada a patada, sin darse ni cuenta, fue poco a poco alejándose de su pueblo.
Pasó media hora y el niño continuaba caminando, dándole patadas a la piedra, ensimismado.
P
All rights reserved