—Ya veo que estás leyendo en el Kindle, abuelo. ¿Qué tal?
—No está mal, pero sigo prefiriendo leer en un libro de verdad, en papel.
—¿Y no te gusta que puedas cambiar el tamaño de las letras para que no tengas que forzar la vista?
—Ahí te doy la razón. El otro día aumenté el tamaño hasta que sólo cupo una palabra por página.
—O sea, que también te gusta jugar.
—Claro, y ese es un problema que le veo a este aparatito. Me distraigo mucho más que cuando estoy leyen
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