llenemos los versos
como a pozos sin fondo. Arrojemos en ellos
silencios, gritos, corderos blancos,
corderos negros;
ofrendas de las uvas,
de vino y borracheras.
Arriba las estrellas se tienden azules.
mientras subimos descalzos las laderas.
Primicias en los hombros.
Miradas certeras; ven,
ayúdame con este saco de manzanas
Es la ofrenda al pozo,
lento ojo abierto en la fronda de la tarde.
Arrojemos sandías
peras,
melocotones
y la comida que hubiera alimentado
durante un año al pueb
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