Search
public copyright
inscriptions
10108 results found for tag:"prosa".
2405027851693
Otro tipo de empresa
05/02/2024
Cayetana Holgado
https://valentina-lujan.es/F/familiar.pdf “familiar”, se me ocurre, de esas que empiezan un poco a trompicones y con escasos medios sin más sede social que la habitación del niño al que se desalojó para enviarlo a dormir al comedor ni otros empleados ― había sugerido en alguna ocasión Albertina ― que unos cuantos parientes bien dispuestos… o mal, porque en todo negocio en que los vínculos de sangre andan por medio hay que hacer de tripas corazón a veces y ¿y con Doroteo qué hacemos? cuando se está sabiendo que lo único que cabe es aguantar y que no sería, al fin y al cabo, ni peor ni mejor que cualquiera de otras tantas formas en la muy modesta opinión de una Gema aún sin pulir de, en palabras de Purificación, “cagarla” aun estando al cabo de la calle de que “bueno, ¿vamos a empezar con tiranteces con todo lo que tenemos por delante, lo que nos queda por enjaretar?”. Y, el tío Crescencio, que ya, que sí, pero si empezamos con esta rémora no sé yo… aunque, en atención a la pobre Paula porque a Candela, su mujer, lo que más le preocupa es que reine la paz y poquito a poco irá entrando en vereda, ya veréis da un poquito de no se sabe qué negarle la oportunidad de hacerse un hombre de provecho cuando, encima, ella le tiene aprecio porque sí, tiene sus rarezas, qué le va nadie a contar a mi si nos hemos criado, crecido como hermanas, pero que… no sé, en fin, vosotros sabréis. Improvisación añadida a la intervención de la Prieto por, como decía la señorita Alicia, “nuestra querida Olivia”.
All rights reserved
2405017837447
Éramos algo más inexpertos
05/01/2024
El primo Remigio
http://valentina-lujan.es/Dbre10/m%E1s%20inexpertos.pdf más inexpertos, más elementales, más desconocedores de tantísimas cosas como configuran este mundo que se ha ido con el inexorable paso de los tiempos convirtiendo en un lugar tan moderno pero, también, algo (o incluso “bastante”) más observadores, más inclinados a mantener nuestros ojos y oídos bien abiertos porque dentro de nuestra ignorancia éramos bien sabedores — o quizás sólo “intuidores” — de que el orden de cosas, y de útiles, y de aperos y costumbres y de conocimientos con que nos desenvolvíamos no era posible que permaneciera indefinidamente así. Pero estábamos demasiado embebecidos, absortos y hasta embrutecidos con el tema de la supervivencia y correteando todo el día, de acá para allá, en invierno y en verano, tras aquellos seres tan extraños y tan diferentes de nosotros. Y tuvimos que esperar a que llegase un momento de calma que se demoró una enormidad; pero llegó aunque muchos no alcanzamos a verlo y fueron otros los que, desgranando vainas de judías, o de guisantes, a lo mejor, pudieron permitirse el gran lujo de, allí, sentados alrededor de la hoguera o tomando el refrigerio de la mañana, dedicarse a pensar y a tratar de desentrañar los grandes misterios que los envolvían y que no dejaban — eso no — de sorprenderlos tanto como aun a pesar de las pequeñas diferencias que a ellos les parecían abismales nos habían sorprendido a nosotros, los de antes, los que extenuados tras una dura jornada nos dejábamos caer sobre el duro suelo o, todo lo más, sobre un lecho de hojas amontonadas en el que soñábamos — sin siquiera saberlo — con lo que iba a ser algún día un Pikolin o un Flex o algún otro tipo de colchón, de latex, a lo mejor, o alguno de esos abatibles que te permiten ver con perfecta comodidad la televisión que, por entonces, constaba de un solo canal y la programación nada más consistía en ir mostrando noche tras noche aquella entidad sagrada que un atardecer se había manifestado cuando después de haber terminado de cenar permanecíamos allí, pensativos dando vueltas en nuestras cabezas al enigma que no sabíamos calcular cuánto tiempo atrás había causado un chasquido primero, un chasquido fuerte como de muchas ramas secas quebrándose todas al mismo tiempo, y, en seguida, otra entidad sagrada — las entidades sagradas se prodigaban mucho por entonces — que asomó por detrás de la colina y nos pareció muy inquieta porque no dejaba de bailotear estirándose y encogiéndose al tiempo que mostraba una gama de colores que Nufñre no dudó, con aquel desparpajo tan suyo, en calificar de inmediato de “cálidos”. – ¿“Cálidos”? — Exclamó Myhsbk, tan proclive a poner objeciones a todo — ¿Podrías darnos una buena razón para afirmar que esos colores son cálidos? – No, claro… — replicó Nufñre, que desde el asunto de la cerveza y no haber sabido justificar su aún más desconcertante “pásame otra” daba la sensación de haber perdido algo (aunque no mucho) de su locuacidad — ¿Cómo podría darte “una” de un algo que ni tan sólo sé si tengo? – Eso — Gjifsw, poniéndose con arrogancia en pie y dibujando en sus labios una mueca burlona al tiempo que se encaraba a Nufñre —: salte por la tangente. – ¡Kpugdil, por favor — saltó Rgoqiwz igual que si terminara de picarle una avispa —, dile que no diga “tangente”! – ¿Hay, por ventura — Sigbut, con su inconfundible voz gangosa — algo de malo, algo de obsceno en “tangente”? – Vale — Horjuwy, que con su natural bondad, su buen carácter, no se daba cuenta de cuándo alguna broma estaba, por más inocente que fuese, quedando fuera de lugar. Y mirando tan sonriente a Sigbut —: sigue enredando, anda. – ¿Yo? – ¿Qué “Yo”? — Sijgäw, que hizo una pausa para bostezar emitiendo su característico sonido de chacal —, ¿no has sido siempre Sigbut? – Además — Yo — no quisiera verme, a ser posible, involucrado en esto. – Seguid así — Prjig cambiando, impaciente, el cruzado de sus piernas tan largas —; seguid así y seremos el hazmerreír de todo el mundo. – ¿Qué “mundo”? — Srailkt, cuya perspicacia andaba a veces un poco a la zaga de sus destrezas manuales —; no creo que nos esté viendo ni escuchando nadie… – Eso es verdad, pero… — contando con los dedos Spuwr, que empezó a enumerar en riguroso orden —: “cálidos”, “razón”, “tangente” …, – ¡Un momentito! — Alzando la mano Lewhgif y declarando con tono decidido —: ¡Cinco! – ¿“Cinco”? — Gñyu, como no creyéndoselo. – Ya me dirás — repuso. Y se aplicó de nuevo Lewhgif a los dedos —: “cálidos”, “razón”, “tangente” … “Por ventura” se cuenta como una, y luego “involucrado” … Así que, lo que te digo: cinco. – No quisiera ser tildado de díscolo — Kgyaert — pero lo último que recuerdo fueron “seis”. – De acuerdo — Lewhgif, que esta vez soltó, sin ni inmutarse, “siete”. – ¿“Siete?”? —Hegurpl abriendo mucho los ojos, con su voz angustiada...
All rights reserved
http://valentina-lujan.es/N/noparecev8.pdf La Respuesta No parece, en un principio, que pueda resultar problemática… ¿Cuántas veces lo hemos dicho? ¿Cuántas que no tiene uno, o una, o un hatajo, o una multitud por aquello de no ningunear a género alguno de especímenes etcétera? ¿Cuántas que no hay mas que llegar y decir que somos Fulanito o Perenganita e hijos o hijas de tal y de cuál? ¿Cuántas que nos hemos equivocado pero que en un alarde de esto y de lo otro? ¿Cuántas que no repetiremos obviedades? ¿Cuántas que hemos perdido el hilo buscando un destornillador o sacacorchos o abrelatas o biela para cigüeñal de motor de combustión? ¿Cuántas que perder el hilo sería grave? ¿Cuántas que dejamos a la memoria hacer lo que le diese la real gana? ¿Cuántas que la Fuenfría o Roncero menos corpulenta era, asimismo, infinitamente más paciente que la más corpulenta? ¿Cuántas, en conclusión ― y ésta es la última ―, que algunas tardes, sin que hubiese habido el menor indicio de que las cosas fuesen a torcerse, los planes se desbarataban? ♣ ¿A quién, solicitando detalles a veces peregrinos de tal o cual minucia que a ella se le pasase por su cabeza de cabellos canosos y sin brillo peinados en un pequeño moño en todo lo alto de la coronilla, gustaba mortificar a sus educandas?
All rights reserved
2404307831387
Ni tan aficionada a la repostería
04/30/2024
Felipe Ledesma
http://valentina-lujan.es/N/nitanaf.pdf a la repostería, habría yo actuado con acierto descartando un ardid tan inconsistente como lo del bizcocho y evitado de paso y por puro azar, sin en realidad estármelo proponiendo — pero las “cosas de la vida son así y, cuando se actúa rectamente y de forma natural y sin dobleces, sin tratar de engañar ni confundir, Dios te recompensa con creces” —, el hacer concebir a una mujer sencilla y de su casa ilusiones de que se iba a ver, por obra y gracia de mi temeridad, lanzada a la cúspide de la fama
All rights reserved
2404307830168
Un par de semanas después
04/30/2024
Don Carmelo
https://valentina-lujan.es/U/unpardesemanas.pdf por culpa de un cliente de la empresa constructora — no del apartamento sino de la que tenía empleado al físico — que, molesto porque la reforma de un cuarto de baño no había quedado a su gusto y aseguraba además que lo habían estafado colocando materiales de ínfima calidad a un precio carísimo, la denunció, a la empresa, más que por el asunto de la estafa por saber, de buena tinta porque era periodista y tenía además una cuñada que trabajaba en inmigración, que el dueño, el empresario, se dedicaba a la economía sumergida y que ni el físico ni un ingeniero de caminos (que también trabajaba en la empresa, éste de fontanero) tenían contrato ni papeles. De modo que fueron despedidos ambos y, al verse privada la pareja del sueldo que ingresaba el polaco, tuvieron que dejar el apartamento tan bonito porque los ingresos de la fisioterapeuta no alcanzaban para pagar el alquiler y mantenerse sin tener que recurrir a la madre de él que llevaba una vida desahogada regentando — gracias a Lola, tan ocurrente y bien dispuesta siempre a sacarme de apuros aunque (y eso no sé si podré alguna vez perdonárselo) cuando lo de la boda me dejase plantado con el hojaldre de los volovanes ya hecho y el relleno en la nevera — un local de alterne al que acudían, también de la mano de Lola, caballeros de la alta sociedad y al que yo, atascado y por salir del paso, me quise acoger como quien se agarra a un clavo ardiendo pero, no sé si porque como soy un poco tímido (y a la vista de un vestíbulo tan fastuoso con lámparas y porcelanas que no voy a pararme a describir habida cuenta de que mi objetivo es muy otro) me pareciese un lugar demasiado distinguido para un “chupatintas de mierda” —como dijo mi amigo, no recuerdo ya cuándo ni dónde pero sí que no le gustaba y que quedaba mejor que lo dijera yo, que por eso lo digo — o porque Sonia me pudiera echar el alto escandalizada y alegando la presencia de los niños, no me resolví a adentrarme más allá del umbral si bien, por justificarme ante mí mismo sin tener que admitir mi incapacidad para el relato erótico, me dije que para qué complicarme la vida y meterme en faena si lo más probable era que, por una razón o por otra, las páginas que salieran de aquello no llegaran a ver la luz.
All rights reserved
2404307827892
Los folios han resultado ser cuatro
04/30/2024
Felipe Ledesma
http://valentina-lujan.es/R/losfolianresu.pdf que, aunque no sea lo que se pudiera llamar para tirar cohetes propiamente, dice Lola que no me venga abajo, porque tampoco está tan mal aunque mi madre diga (que eso no lo dice Lola y quiero que quede claro que no es Lola quien dice que aunque mi madre diga; que lo digo yo) que nunca llegaré a nada porque Lola, que me tiene mucho aprecio (que no lo digo yo; lo dice mi madre, aunque es verdad que también yo creo que apreciarme me aprecia) pasa por alto mis defectos, según ella, y, en su buena voluntad de animarme, suele decir a todo que está muy bien aunque no lo esté. Pero está equivocada (mi madre, no Lola) porque lo cierto es que, a diferencia de mi madre que todo le parece mal, a Lola no todo le parece bien o no por lo menos tan del todo bien como a mi madre todo le parece del todo mal o, si no, ya verás — le digo a mi amigo — como cuando lea esto me deja un post-it pegado en la nevera diciendo que le parece mal que siempre que hablo de mi madre sea para mal y que sin embargo de ella siempre hable bien, como si quisiera adularla para tenerla de mi parte. Y como, dirá también — le cuento a mi amigo —, que más cuenta me tendría, y a ella también, procurar estar a bien con mi madre aunque fuera para estar un poco a peor con ella que además de que está un poco cansada de que mi madre le tenga antipatía por mi culpa está también un poco harta de cargar con el papel de la buena de la película se me ocurre, por probar antes de pasarlo a limpio, cambiar Lola por mi madre y mi madre por Lola. Es decir: que, aunque no sea lo que se pudiera llamar para tirar cohetes propiamente, dice mi madre que no me venga abajo, porque tampoco está tan mal aunque Lola diga (que eso no lo dice mi madre y quiero que quede claro que no es mi madre quien dice que aunque Lola diga; que lo digo yo) que nunca llegaré a nada porque mi madre, que me tiene mucho aprecio (que no lo digo yo; lo dice Lola, aunque es verdad que también yo creo que apreciarme me aprecia) pasa por alto mis defectos, según ella, y, en su buena voluntad de animarme, suele decir a todo que está muy bien aunque no lo esté. Pero está equivocada (Lola, no mi madre) porque lo cierto es que, a diferencia de Lola que todo le parece mal, a mi madre no todo le parece bien o no por lo menos tan del todo bien como a Lola todo le parece del todo mal o, si no, ya verás — le digo a mi amigo — como cuando lea esto me deja un post-it pegado en la nevera diciendo que le parece mal que siempre que hablo de Lola sea para mal y que sin embargo de ella siempre hable bien, como si quisiera adularla para tenerla de mi parte. Y como, dirá también — le cuento a mi amigo —, que más cuenta me tendría, y a ella también, procurar estar a bien con Lola aunque fuera para estar un poco a peor con ella que además de que está un poco cansada de que Lola le tenga antipatía por mi culpa está también un poco harta de cargar con el papel de la buena de la película se me ocurre, por probar antes de pasarlo a limpio, cambiar mi madre por Lola y Lola por mi madre.
All rights reserved
2404307827052
Un texto un poco largo
04/30/2024
Doña Abigaíl
https://valentina-lujan.es/U/untexunpoc.pdf que recorrí de arriba a abajo de un tirón sin leer — una docena de páginas se puede denominar “texto largo" no si se lo compara con El Quijote o La divina comedia, desde luego, pero sí si se le contempla a las cuatro de la madrugada sabiendo que el despertador sonará a las siete y cuarto —; así que me quedé con la copla de que era la versión 10 de algo y me marché a dormir. Y yo ― que aunque no eran las cuatro eran sí las tres y veinte y mi despertador sonaría no a las siete y media sino a las seis y cuarto ― también. Y dormí. Recuerdo, como en una nebulosa en mitad del torbellino de situaciones y emociones encontradas que es mi vida, que dormí profundamente aquella noche y que, ya de mañana ― no sabría precisar si tras el desayuno o una vez depositado el niño o quizá dos en el colegio, o si quien los llevó fue mi marido; o después de haber rezado los maitines o firmado, según en qué circunstancias y en nombre de razones que no quise con el día que me esperaba analizar si eran mejores o peores, un despido; pero no importa mucho — o quizás por la tarde porque muy bien pudiera ser que la mañana la emplease en buscar mi muñeca o mis sandalias o en atender a un individuo apresurado que me entregó determinadas pertenencias, me senté, ya más calmada, frente al ordenador. - ¿Dónde estábamos? – me pregunté, dando la primera calada al primer cigarrillo sosegado del día, mientras esperaba a que le viniese (al ordenador) “el alma al cuerpo”, como yo digo. Al fin le vino. Le vino al ordenador el alma al cuerpo, pero no a mí el punto en que me quedase cuando lo apagué de madrugada. Tenía una vaga noción de cierta copla ― sin música, pero mi oído es francamente malo ― que hablaba de algo referente a cierta versión 10; tenía, también, algo más claro, que la copla en cuestión no era mía… Y busqué. Busqué afanosamente por las páginas que, junto con la dirección de mi banco, y la de la cartelera de los cines, y la del Google Earth que había abierto para buscar el hospital más próximo al que llevar (por lo del cólico) a mi prima, y alguna otra de cosillas curiosas que me gustan o indecentes ― que me disgustan, pero no sé ya cómo decirle a mi marido que a ver cómo diablos las bloquea “mi amor” ― porque me gusta ser amable aunque esté francamente molesta ― “que ya sabes cómo son los niños”, se habían ido almacenando poco a poco en el historial. Pero no la encontraba. Me puse tan nerviosa que me empezó a picar todo el cuerpo; y me entraron calores, y llegué a estar tan de veras sofocada que hasta sentí que me estorbaban las tocas… Y me sobresalté. Me sobresalté porque caí de repente en la cuenta de que las monjas no fuman… ¿verdad? Y sé que me debatí por unos instantes entre apagar el cigarrillo o arrancármelas; y que al final me decidí por una de las dos opciones o, ante la duda, por ambas, y que seguí tecleando como una verdadera loca hasta que… ¡la encontré! Y aquí estaba
All rights reserved
2404307826451
"Me desagradó...
04/30/2024
Las de Recuero
https://valentina-lujan.es/Z/medesagra.pdf por dos razones el encontrarme – seguí leyendo -, así, tan al principio, apenas sobrepasados los cuatro primeros renglones, un nos hemos equivocado que, en primer lugar, se me antojó pretencioso, mayestático… ¡nos! y, en segundo lugar, porque ¡joder – perdón, me dije, quise decir caray – si te has equivocado rectificas y en paz! Pero, entendiendo, y no deseando ser en exceso quisquillosa, que una equivocación la tiene cualquiera, no me desanimé y seguí en la idea de bueno, no importa, omitiré el error y mi página seguirá siendo como ésta” que, por mi parte y en honor a la verdad, sí dejé yo de compartir… Sí. Albergaba serias dudas de que una página como esta – “estas”, en realidad – fuese lo que yo estaba queriendo; pero había algo que me hacía experimentar un algo así como empatía hacia alguien que, muy distinto de mí posiblemente en cantidad de aspectos, se había movido por donde ahora me estaba moviendo yo; y buscando lo mismo. Seguí, por tanto, una vez más, leyendo: “Así que, una vez que ya tenía el modelo y que por aquello de que cuando se ha hecho una su composición de lugar aunque sea muy somera de por dónde van a ir las cosas parece que se relaja un poco, me desentendí por un tiempo de la página y anduve unos días o puede que semanas pero seguro que no meses y ni pensar en años lo diga quien lo diga dedicada a otras cosas. »Cuando regresé al tema – continuaba – y por aquello de refrescar la memoria volví a entrar en lo que di en llamar en mi cabeza cariñosamente “mi página” y me encaré con: La respuesta no me alarmé sino que, muy al contrario, me pareció tan decorativo eso de que estuviese así, en un color diferente que a mi juicio le daba un toque pues, eso, de color, que decidí cambiar también de color yo misma. Luego – he suprimido las comillas de inicio porque, como “dicho y hecho” empezó a escribir directamente en rojo, entiendo que atendiendo a idéntico criterio resultan innecesarias – me quedé un rato ahí, sentada, simplemente mirando y con mi mente en otra parte diciéndome muy bien, ya tienes una página y un modelo en que basarte; ahora nos queda ver con qué la rellenas. Eso ya era, la verdad – reconoce – más complicado. Porque yo no soy una empresa que venda nada ni tenga ningún producto que publicitar ni ninguna sede social a la que invitar a potenciales clientes a acudir; que es para lo que suelen utilizarse las páginas web. Y yo – que tampoco soy empresa, ni tengo sede social ni nada que vender – encontré de nuevo, en esta coincidencia, un punto de algo así como hermanamiento, o complicidad, que me incitó a seguir: Y ahí estaba toda cavilosa, triste casi diciéndome "¿para qué quieres, tonta, una página web cuando no sabes qué vas a hacer con ella?" cuando, jugueteando a lo tonto con el ratón por hacer algo, la página dio un salto y lo que apareció fue
All rights reserved
2404297818849
La chica de las botitas
04/29/2024
Felipe Ledesma
http://valentina-lujan.es/versaciones/lachicadelas.pdf Que tenía que seguir llamándola así porque ese era el único detalle que era capaz de recordar de toda su persona; eso y el paraguas — pero el paraguas era de esos tipo Burberry, de cuadros que resultan todos iguales — y, pero muy vagamente, cómo daba un beso en la mejilla a aquel hombre bien plantado del traje azul. Apunte: La señora de Ramírez (padre) me reprendió — considerando yo que podría ser una buena idea para abrir un diálogo; que los diálogos dan mucho juego en las novelas — por “esa costumbre que usted tiene” de no hacer descripciones; porque nos podría haber ayudado mucho, según ella, conocer con un cierto detalle su estatura, y el color de sus ojos y de su pelo y de sus labios. Pero sólo es una idea de la que de momento mejor no decir nada, no sea que la pobre señora se haga la ilusión de que le voy a dar un personaje y luego se lleve un disgusto porque se me ocurre algo más interesante y resulta que no. Además, no tengo yo nada claro que me vaya a apetecer dedicar páginas y páginas a ese tipo de detalles tan superfluos. O lo mismo hasta se me olvida haber hecho estos planes, porque, con el lío de papeles que me traigo… Aunque siempre tengo la esperanza, cuando me dejo las cosas tan en el aire, de que en algún momento y abriendo archivos aquí y allá al buen tuntún a ver cómo enlazar algo con algo me encontraré con estas líneas en rojo y, entonces… Bueno, ahora sigo con lo que iba; y cuando lo pase a limpio ya quitaré esta especie de chuletilla y todo quedará en orden y en el Bookman old style 14 azul oscuro negrita que siempre utilizo. Si no es que me termino volviendo loco; que quién me mandaría a mí meterme en… Pero, bueno… Ramírez, en su buena voluntad de colaborar — siempre tendré que estarle, resulten las cosas como resulten, agradecido por cuánto me ayudó a salir de atolladeros en momentos algunos francamente complicados —, y posiblemente para que no cundiese el desánimo, apuntó con cierta viveza que, bueno, Cofee & Shops era una especie de franquicia y había muchos que podían recordar unos a otros; que si nos dábamos una vuelta encontraríamos quizás a la chica en otro… – Cariño, qué inocentón eres — replicó Sonia sin inmutarse —; los niños de ahora saben latín… – ¿No habíamos quedado en que en nuestra familia no somos gente de letras? – Si te lo vas a tomar todo tan al pie de la letra… – Tres velocidades — el crío. – Vale — Sonia, agarrándolo de la mano y echando a andar. Y nos recorrimos todos los Cofee & Shop, preguntando en cada uno dónde quedaba el más próximo; pero de la chica de las botitas — rojas, con vueltas de piel — no encontramos el menor rastro o, si lo encontramos, no lo supimos reconocer como indicio de aquella joven que tal vez hubiese cambiado mucho con el paso del tiempo porque… La señora de Ramírez — no voy a seguir especificando a cada paso que de Ramírez padre; a partir de ahora queda establecido que cada vez que escriba “señora de Ramírez” me estoy refiriendo a la madre (o suegra, claro, según se mire) — quiso, posiblemente por ganas de mortificarme volviendo a la carga de la mucha culpa que estaba teniendo de todos nuestros males el hecho de que fuera yo tan poco descriptivo, saber cuánto tiempo había trascurrido desde aquello… – Porque, vamos a ver — dijo por tanto —, ¿tiene usted más o menos noción de si se trata de un periodo de tiempo corto o largo? – Pero, Celedonia — terció su esposo, que (pensé) bien podía haber terciado mucho antes —, corto o largo son conceptos muy ambiguos; y el tiempo un concepto relativo. Date cuenta de que un terremoto de cuarenta segundos es angustiosamente largo, mientras que un mes de vacaciones en algún lugar agradable parece muy corto. – No sé — respondió ella, en tonillo algo ácido —; como nunca he tenido la suerte de vivir unas vacaciones así… – También la has tenido — apuntó el esposo — de no vivir un terremoto. – De acuerdo — cedió doña Celedonia, de mala gana —, váyase en tal caso lo uno por lo otro y sigamos con lo que estábamos. – ¿Con qué estábamos? — Me preguntó Sonia. – Con la fisioterapeuta llorando a moco tendido — Repuse consultando la factura.
All rights reserved
2404297818313
Un tipo con más recursos
04/29/2024
Felipe Ledesma
http://valentina-lujan.es/U/untipomasrecur.pdf y más seguro de sí mismo de lo que yo era; más capaz de con sus propios medios y valiéndose tan sólo de sus dotes de improvisación saber idear, maquinar una treta o ardid mediante el cual hacer prosperar y llevar a buen puerto su propósito — “mi propósito”, en realidad — de zanjar un asunto tan engorroso de la manera más limpia posible y presentarse tan fresco ante su amigo — es decir, “mi amigo” — alegando con cara triste y tono compungido que todo, absolutamente todo se había perdido ya por extravío ya por (como en algún momento se consideró pero no se llegó quizás a tomar del todo en serio) aquel asunto del café que alguien tuvo la mala sombra de derram… Pero, ¿cuánto podía importar ya eso? Cuánto podía importar cuando los hechos, consumados y de vuelta ya nosotros cariacontecidos y malhumorados porque no hubo forma — o, bueno, para ser exactos no es que no la hubiera, pero cuando llegamos al Cofee & Shop de la Carrera de San Jerónimo, el que estaba justo enfrente de la tienda de novias, lo habían cerrado; y no cerrado por descanso del personal o porque fuese tarde, que además tampoco lo era tanto, sino “cerrado”, definitivamente y el local lo ocupaba ahora un establecimiento dedicado a la venta de juguetes eróticos aunque, para contarlo todo con precisión, la tienda de novias era ahora una de esas oficinas desde la que se puede enviar dinero a cualquier parte del mundo; pero la tienda de maletas que había al lado continuaba ahí aunque con las maletas más modernas y ya con ruedas — de encontrar a la chica de las botitas, fueron bastante más dramáticos y descorazonadores de lo jamás imaginado, absolutamente frustrantes y como para quitarle a uno la poca fe que le queda en sus congéneres porque fue el chico mayor, el tan sensato él y tan aplicado y tan responsable, tan paciente para con el abuelo traduciendo su lenguaje de signos, el que dijo con absoluta frialdad y tono perfectamente sereno: – Sí, he sido yo, ¿qué pasa? – ¿Tú? — Yo, perplejo y sin acertar a dar crédito. – Sí — él, muy cruzado de brazos y alzando con insolencia su barbilla —: y no se alborote. Lo he hecho por su bien. – ¿Por mi bien? – Sí. – ¿No huele aquí raro? — Preguntó Ramírez resoplando cuando entró en la habitación, desabrochándose el abrigo después de dejar al pequeño en la suya. – ¿Por mí? — Insistí, sin presta (francamente irritado) atención a cierto olorcillo en verdad extraño — ¿Pero en qué cabeza cabe que… – ¡Por supuesto que no!, naturalmente… En absoluto he pretendido… — Ramírez, sacándose con gesto concentrado una de las mangas —; pero, no sé… A algo como chamusquina. – El fuego — adujo el chico — lo purifica todo y… — me miró a los ojos un instante, pestañeó y agregó —: sus páginas, usted perdone, eran malísimas. – ¡Maldito mocoso! – ¿Quién ha dicho — Ramírez, con la otra manga a medias y los ojos como platos — “¡maldito mocoso!”? – Pues yo — indignado, muy en mi papel en mi afán de convencer a mi amigo de que yo era del todo inocente —, ¿quién iba a decirlo? — Y mirando al chico con ojos de asesino —: ¡Un chico que parecía tan modoso, tan sensato, tan aplicado… – Oh, por favor — la abuela, a mí —; es muy comprensible… y de agradecer, su buena voluntad; pero negar la evidencia no va a solucionar nada —. Y dedicando una mirada lenta, parpadeante, a su esposo en la butaca, en tono alto y claro como quien está declamando en un escenario y ha de ser oído hasta en la última fila del tercer anfiteatro —: Ha sido él. – No se lo crea — Sonia, con semblante apesadumbrado, tras un suspiro muy profundo —; parece un dechado de virtudes, pero… ¡si una hablara! El lunes pasado, sin ir más lejos, telefoneó el director del colegio que había hecho el muy bribón novillos… – Es que — el hermano pequeño emergiendo, restregándose los ojos, de su última fila de anfit (perdón), quise decir “del profundo sueño en el que permanecía sumido allí, en el sofá, donde su padre minutos antes lo dejara”. – ¡Pero si yo lo había llevado a la habitación! — exclamó Ramírez quitándose por fin el abrigo y encarándoseme con el ceño fruncido. – Es que así — Sonia, que pese a sus excentricidades y esas carcajadas extemporáneas que soltaba de vez en cuando se comportaba a veces como una persona sensata —, sólo de viva voz y teniendo que memorizar, llevarlo todo en la cabeza… ¿no tenemos folios en alguna parte? – Es que en esta casa no somos muy de… – ¿Y eso quién lo ha dicho? – Otra vez él — la abuela, que tal vez cansada a tan altas horas de la noche había perdido fuelle y, esta vez, no se la hubiese oído ni desde el primer palco de platea. Tal vez por eso nadie le hizo caso. – Pues como que es verdad — el chico mayor, que se nos había vuelto así sin esperarlo bastante insolente. Y agregó —: Hasta que vino este chupatintas
All rights reserved
2404287813229
Que me la traje aquí...
04/28/2024
La señora de los boquerones
https://valentina-lujan.es/C/Que%20me%20la%20traje%20aqu%ED%AD.pdf Que me la traje aquí no sé para qué diablos con ese borde de cuadraditos naranjas y azules, que sería lo mismo un día de esos que ando yo influenciada por mi cuñada que le gusta todo con mucho adorno y siempre me anda que si anda mujer que si esta figurita que si tal florero, con muchas monerías por todas partes que luego te pones a quitar el polvo y… Pero el ordenador mío es portátil, que lo cierras y no coge nada de suciedad ni de microbios, de modo que no me importa una filigrana de más o de menos y qué más da por no discutir. Me la traje aquí para tranquilamente estudiarme mis posibilidades de ir a un sitio más o menos bueno; quiero decir un sitio agradable donde a mí me pareciese que podría estar un poco a gusto y que no iba a ser (si es que la suerte me acompañaba) la treinta y cuatro, porque para seguir con los martillazos no valía la pena de echar el viaje. La 35 tampoco (si los hados del destino se ponían de mi parte) porque si aquello era un telar, y parecía un telar, no tenía yo ganas ni de zurcir, ni de bordar ni de poner piezas a las sábanas. La treinta y seis tampoco es que pueda decirse que me entrara a mí muy por el ojo derecho que se dice vulgarmente, las ocas no te dejan como aquel que dice poner el culo en la silla porque, hala, que tires, y te pasas el rato dando saltos y en un sinvivir con el alma en vilo de a ver si en una de esas caes en una cárcel o en un pozo o — con tantas deudas como tiene una, y no es por quejarme — debajo de un puente. Y, como lo más lejos que pudiera ir por mucho que se complicara la cosa iba a ser el 39 si es que me salía un seis, me relajé bastante porque como esos señores de las escafandras y los escudos se parecían todos mucho y yo, además, no sabía nada malo (bueno, y ni bueno) de ninguno de ellos, lo mismo me daría ir a parar a uno que a dar en el otro y sin tener, de momento (y haciéndome pis como estaba, que vaya tardecita de trabajo), que hacer más cábalas.
All rights reserved
2404287813144
Saliendo del laberinto
04/28/2024
El intruso
https://valentina-lujan.es/D/EsqLab%2042.pdf Que, ateniéndose a las normas del juego era un razonamiento — hiciéralo quien lo hiciese — enteramente sensato y, mi amigo, por una vez en la vida, se mostró enteramente de acuerdo conmigo y, en consecuencia, hubo de convenir también en que las casillas a las que hacían referencia los epígrafes contenidos en los círculos tenían que ser forzosamente las siguientes: Y, habida cuenta de que encajaban a la perfección con el esquema, entendimos sin más complicación que la asignación nada más podía ser: 31 – Telas 120 y 121 32 – Esqcinco 33 – Porque de mí si se acuerda 34 – Que no son 35 – Libro telas 36 – Esqcinco-detalle. Porque nadie irá a negarme que entre estas dos imágenes se aprecia aun sin esforzarse mucho en verla una cierta similitud. Pero no me percaté del parecido porque antes de bajar y poder encontrar la de la derecha me había quedado mirando el 33 dentro del cuadrado amarillo que, en un color tan llamativo y en un círculo mucho más grande que todos los demás, invitaba a colocar el puntero sobre él. Y coloqué el puntero, claro, y apareció la manecita, y cuando hice clic me sobresaltó ver que lo que venía a la pantalla era el mismo naipe con el mismo número y la misma figura que yo anteriormente , cuando estaba lo recuerdo bien escribiendo está página , tuve — y ahí abajo lo pone — el capricho de conservar.
All rights reserved
2404287811041
Pensé que quizás...
04/28/2024
El intruso
https://valentina-lujan.es/C/Pensequeq.pdf Pensé que quizás pulsando en Advertencia encontrase alguna aclaración; pero sólo encontré que el enlace conducía a un pdf en el que se informaba de que la página estaba en construcción, y, cuando estaba ya a punto de marcharme, pasé como por azar o con desgana el puntero por las palabras en la columna de la izquierda y, ahí, tanto en la palabra INICIO como en la palabra CONTENIDO, sí que había enlaces que me llevaron a alguna parte. Me llevaron a muchas partes, en realidad; a tantos sitios llegué y por tantos caminos me moví que perdí en muchos momentos la noción de dónde estaba y por qué estaba y cómo había llegado y qué era lo que andaba buscando. Y pasaron días y semanas y meses durante los que ya sin ningún motivo que pudiese recordar seguí, obsesivamente, sin un fin ni un objetivo concreto pero pulsando, haciendo clic aquí y allá no sé si a lo mejor con la esperanza no de ir a dar con lo que buscaba (si es que a aquellas alturas buscaba ya algo)pero sí, y aunque nada más fuera, con la de llegar a la salida de aquel laberinto o, al menos, a algún callejón sin salida que me forzara a regresar al punto de partida y descansar. Y al cabo de no sé cuántos días o semanas o meses encontré algo que no era lo que buscaba, ni la salida de ningún laberinto, ni el final de un callejón sin salida que me forzase a regresar al punto de partida y descansar, aunque sí algo que de haberme fijado mejor me habría dado una pista de que entre la imagen que aparece aquí y la que me había impulsado a emprender la búsqueda estaba existiendo una relación. Pero no me fijé, ni supe ver la pista. Se me ocurrió tan sólo que al cabo de tanto peregrinar también yo podía, por qué no, probar suerte. Había sin embargo un inconveniente que salvar, un inconveniente tan tonto como que yo no tenía un dado; busqué por todas partes, en mis propias cajas de galletas y de zapatos y en el costurero de mi madre, pero no encontré ningún dado y me resigné — seguiría siendo azar, de todos modos — a lanzar seis monedas al aire; tantas caras como saliesen sería el resultado de mi tirada… Sé que en el instante en que las monedas estaban en el aire pensé que sí, claro, seguiría siendo azar, pero… ¿el mismo azar? Cuando lanzas un dado los seis números tienen las mismas posibilidades y no produce más extrañeza que salga uno, el que sea, en vez de cualquier otro; pero, al estar lanzando seis monedas — que ya habían caído, mientras yo pensaba; pero entretenido en discurrir no las miré y, además, había visto cómo dos rodaban por la alfombra debajo del sillón —, ¿existían tantas probabilidades como con el dado de que saliera un seis? Porque, sí, la combinación puede en todo caso ser cualquiera; pero, ¿es de verdad muy creíble que vaya a dar la casualidad de que salgan las seis del mismo lado? ¿Y si caían todas de cruz? Con el dado no habría salido nunca “cero”. Bueno, qué más daba, en realidad. Yo sólo estaba jugando… Así que empujé el sillón y aquí estaban mirándome, las dos, una en cara y otra en cruz y, sobre la mesa, dos en cara y dos en cruz. Que también me pareció difícil, que también se antoja raro — o al menos a mí me lo parece — que resulte la cosa tan equilibrada. Pero fuera como fuese el resultado estaba allí y era un 3 que me llevaba a un enunciado que rezaba algo tan poco sugerente como “porque de mí si se acuerda”. – ¿De quién? — Pensé. Y como todos los datos que había conseguido recopilar consistían nada más en la imagen en la que no supe fijarme la guardé aunque nada más fuera por el pundonor de no haber perdido el tiempo para nada.
All rights reserved
2404277799588
Pero las cosas se complicaron
04/27/2024
Tarde de otoño en la ciudad
https://valentina-lujan.es/Y/ycuquihoyasum.pdf Y cuando quise reconocer honestamente y asumiendo toda mi responsabilidad ― no recuerdo si entre plato y plato o ya en el postre ― que todo había tenido lugar en mi imaginación y sólo en mi imaginación y en ninguna otra parte y sin la intervención ― que yo supiese, al menos ― de nada ni de nadie más, estábamos frente a unos hechos consumados y ante una situación que no tenía ya vuelta atrás. (Continuará) .... O regresaré – si es que soy capaz de encontrar el camino de vuelta – a mi punto de partida y, una vez allí y sin el inconveniente de tener que prepararme algo que no serían desde luego canelones, tranquilamente fumando y revisando “mis” papeles – porque ahora ya son míos – terminaré por olvidar.
All rights reserved
2404277799557
Terminaré por olvidar
04/27/2024
La señora de los boquerones
http://valentina-lujan.es/G/Es%20lo%20que%20quise%20creer%20entonces.pdf Es lo que quise creer entonces, cuando – y haciendo memoria detenidamente parece perfilarse una ligera noción de que fue entre unas acelgas aliñadas con aceite y limón y una cola de pescadilla con mayonesa –, hablando de cosas sin importancia o que por lo menos no me importaban a mí pero asintiendo a esto y a lo otro sólo por tratar de no amargarme con que había perdido todo mi di… (no, no mi dinero, o no todo por lo menos porque sólo llevaba como treinta pesetas, de las de entonces, cuando el percance del autobús; no mi dinero sino mi día), entero entre unas cosas y otras, allí, sentada como una tonta en el suelo no (aunque a punto estuve, tan cansada y con aquella sala de espera hasta los topes, pero un joven muy amable que acompañaba a su anciana abuela dijo “¡pero señora, por favor!” y me cedió su asiento) junto a la caja del microondas a la que evito siempre que me es posible el aludir por no mencionar los canelones, ni la sed tan espantosa que me dieron, sino fumando cigarrillos y tratando, usted lo tiene que recordar, de atar cabos, sino con la espalda apoyada junto a la pared contra el cenicero… Pero me equivocaba porque, aunque mal y medio a trompicones, salta a la vista que recuerdo lo suficiente como para – por muy condescendiente que se sea o por lo menos lo fuese quien tuviera que juzgar si en rigor he terminado por olvidar o no – no dejar de reconocer que lo justo sería que el hipotético juez dijese “no, señora, no ha terminado”, y que me marchara a mi casa a seguir intentando conseguirlo del todo y, cuando estuviera segura de no recordar ya absolutamente nada, solicitar audiencia para un nuevo examen porque, dijo el juez, “aquí somos estrictos pero no tan chinchorros como para negar ni a usted ni a nadie una segunda oportunidad”. Y llegué a mi casa a las tantas de la madrugada y bastante hasta la coronilla porque el marido es muy latoso pero, la verdad, bastante contenta porque no iba a tener que tocar la sartén ni fregar los cacharros y, además, porque el monedero estaba encima del aparadorcillo pequeño de la entrada. Y no con treinta pesetas, de las de entonces, sino con cuarenta y una con cincuenta...
All rights reserved
2404277799496
Otra vez así y otra vez a los nervios
04/27/2024
La señora de los boquerones
https://valentina-lujan.es/B/otravezasi.pdf Otra vez así y otra vez a los nervios y otra vez la garganta seca y otra vez a no querer levantar el cubilete de póker ni querer abrir los ojos con el corazón a mil palpitando por favor, por favor el cielo no que estoy muy cansada¸ yo hago todo lo que sea necesario, Señor Dios del Universo, todo lo que sea necesario con tal de no retirar los aparadores de la cocina tan cansada como estoy, por favor, por favor señor lo que tú quieras pero el cielo, por lo que más tú más quieras te lo pido, el cielo no. Y por fin levanté el cubilete y los abrí, o abrí los ojos y levanté el cubilete, que qué más puede dar un orden de factores que no van a arrojar un producto diferente a lo que resultó cuando vi el dado ahí, enfrente de mí, mostrando sin piedad ninguna un implacable seis que no me lo podía creer pero parecía que se empecinaba en mantenerme asida, amarrada al duro banco del 60 porque después de tanto batallar y de sufrir tantísimo quedaba, como si ni hubiese ido ni venido, otra vez exactamente así: Ver arriba. Pero esta vez se me terminó la paciencia y me dije yo para mí pues esto no se va a quedar así y yo salgo del 60 y yo no voy al cielo porque no me da la gana que está una muy derrengada y muy machacada para cielos ni para andar arrastrando aparadores pero te juro yo, me dije, que yo no me quedo para el resto de mi vida aquí que empiezo a sentirme como el titán Atlas todo el rato volviendo al mismo sitio para seguir tirando de lo mismo y vuelta otra vez pero yo no; yo no sigo tirando de bola alguna de mundo ninguno yo me las arreglaré sea como sea para salir de aquí y sin ni pararme a respirar ni cerrar los ojos ni quedarme paralizada sin levantar el cubilete de póker lo tiré ya sin pedir nada ni a Dios ni a nadie y que sea lo que Dios quiera, hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo y me salió porque para qué andar manteniendo la intriga esta vez un… Sonó el teléfono y, esta vez, sin que me diera ni tiempo a decir que no gracias y que no me iba a cambiar de compañía me hicieron una encuesta a ver qué productos de belleza gastaba y dije que ninguno y que para productos de belleza estoy yo que ni tiempo que tengo casi nunca ni de lavarme la cara (no le quise decir a aquella señorita que a veces que ni el culo por si le parecía una ordinariez) y ya por fin levanté el cubilete y ahí estaba otra vez, como una fatalidad que me quisiera a mí amargar la vida otra vez un condenado tres… Pensé, porque yo a veces discurriendo soy muy calculadora y hasta bastante fría, que esta vez me lo podía quedar a lo mejor porque por qué no si ahora ya no había prometido ni lo de los cristales ni lo de los muebles de cocina ni nada, pero, no sé por qué, me pareció deshonesto y que era de alguna manera estar haciendo trampa y me dije que no; me dije si cuando te tocó cielo en condiciones y de pleno derecho ahora, de rebote, no me parece a mí que te lo estés mereciendo en justicia así que olvídalo como si nada y tira otra vez. Y tiré. Y esta vez, sin esperarlo ni quererlo ni desearlo que es como las cosas salen bien me salió un 5. Un cinco que por lo menos estaba rompiendo el maleficio y me dejaba así, es decir aquí:
All rights reserved
2404277799380
... bajar siguiendo la pista de la manecita
04/27/2024
Tarde de otoño en la ciudad
https://valentina-lujan.es/B/bajar.pdf …bajar siguiendo la pista a la manecita esa, la de arriba — no, claro, aquí no, eso ya lo sé yo, pero ahora estoy hablando desde el recuadrito ese que está en una esquinilla, abajo a la izquierda, de la página de dónde vengo porque, a mí como a todas las madres siempre nos toca, como con la comida, que ya estoy engordando otra vez quedarnos con los retales y las sobras y lo que nadie quiere — que ya, de tan obsesionada, ni escuchaba las películas que los otros viajeros se contaban nada más que en un sinvivir de a ver si logro yo encontrar de dónde está viniendo esta que, si lo sé, de qué me meto yo en el atolladero de hacer ninguna trampa. Si lo llego a saber, en su momento, no me achico ni me amilano yo ni por unas cortinas ni por unos cristales ni por todos los muebles de cocina de este mundo que los arrastro yo y quito, pues, lo que hay siempre detrás de todos los muebles de cocina que no se han movido desde que se casó una ¿qué va a haber? Pues una pinza de la ropa, el lapicero Alpino de pintar del niño, cincuenta céntimos de los de agujero (o sea que tuvo que caerse pues, qué te diría yo…, bueno, es igual, no me quiero poner de mal humor), seis o siete mecheros, un pendiente y tres horquillas. Pero no; estaba tan cansada después de las bodas y de los divorcios y de los bautizos y con un verano a mis espaldas y que sube y que baja al trasterillo y otra vez el otoño y vuelta a las alfombras que, pues la verdá que no me sentí con fuerzas la verdad sea dicha. Así que, cuando después de colgar el teléfono y decirle a la de yastel que no, que no me iba a cambiar de compañía y que ya se lo podía haber aprendido porque en los últimos siete meses me lo preguntaba todos los días volví y me di cuenta de donde había ido a caer, me dije yo que no, que esa paliza no; y borré tan sencilla (con sus dificultades, que deshacer lleva también su engorro) y me volví como si tal cosa y sin pensarlo a donde estaba antes de que sonara que era aquí: Pero yo estaba (que ahora no quiero perderme para no perder, por lo menos, el rastro de dónde sé que es donde se pierde la pista) con el asunto de la manecita que venía, o por lo menos ahí es donde yo me la encontré por primera vez de aquí y que me tenía a mí pues tan contenta pero, ahí, donde me encontré las letras en fondo amarillo (en realidad en la página siguiente, en la que hice clic en lo de la memoria, pero que ahora ya no quiero ir para no llevarme otra vez el berrinche de ver que es una especie de culo (lo siento pero se llama así) de saco que no tiene salida y que se corta ahí. Y por qué le quería seguir la pista yo a la manecita, que ahora no soy ya capaz de acordarme con esta cabeza tan malísima que tengo que, de verdad, no sé yo que va a terminar pasando ni conmigo ni con ella. Me tengo que ir a poner la presión a las acelgas.
All rights reserved
2404267790779
Con un 4 desde la salida del laberinto
04/26/2024
Tarde de otoño en la ciudad
http://valentina-lujan.es/B/Y%20que%20no%20son.pdf Y que no son, que se las puse ahí fotografiadas para que usted mismo las viera con sus propios ojos, la cuatrocientos treinta y seis y la siguiente donde encontré el recorte aquel pequeñito con un juego de la oca al que en un principio no presté mayor atención. Pero ahora no puedo contarle toda aquella peripecia tan alucinante porque tengo que llevar a arreglar el molinillo de café porque, aunque me podía comprar uno nuevo en la tienda de electrodomésticos que hay en la esquina, la tienda de la esquina está… pues, eso, que en la esquina mismito. Y yo necesito, para oxigenarme y escapar un poco de este ambiente tan opresivo en el que vivo por culpa de mi mala cabeza — que quién me mandaría a mí casarme con este buen hombre tan trabajador y tan responsable pero tan pobrecillo — ir un poco más lejos, en el autobús, y ver otras calles y otras gentes y escuchar otras conversaciones que no sean las monsergas de siempre de los niños (¡siempre serán niños aunque anden por la treintena, que así somos las madres) y de mi marid esposo y de mi sueg mamá política. Pero tengo que irme ahora, que tengo que volver a tiempo de vaciar la lavadora, que si se queda ahí mucho rato sale arrugadísimo todo Continuaré
All rights reserved
https://valentina-lujan.es/Q/npvercerocop.pdf La respuesta no parece, en un principio, que pueda resultar problemática; no tiene uno, o una, o un hatajo, más que llegar y decir pues yo o nosotros o nosotras somos Fulanito de Tal, o Perenganita de Cual, o estos/as o los/as otros/as o los/as de más allá e hijos/as, todos/as y cada uno/a, de nuestros/as respectivos/as padres/as... No, mira, ahí nos hemos equivocado ; pero lo vamos a dejar como está y seguir, como si tal cosa, aunque saltándonos las obviedades que todos damos por sentadas en lo que concierne a nuestros semejantes, tan nada diferentes de las propias que para qué repetirlas y perder, sin ninguna necesidad, el hilo… ¿O Ya lo hemos perdido? Porque si lo hemos perdido tendremos que buscarlo, y nos pasará lo que nos sucedió cuando hace apenas unos días buscábamos algo también y derramamos, sin quererlo, la copa de algún néctar repuntado que nuestra memoria se obstinó en despertar como ambrosía… La dejamos hacer y, con deleite, aplicamos el néctar con las yemas de los dedos en las sienes, y en el cuello, y detrás de las orejas y en la frente, y aspiramos el olor evanescente del antaño mientras se demoraba ella por entre los jirones de las tardes ociosas en que éramos algo que, por cierto, la última vez que alguien lo mencionó ya dio problemas porque ― la más corpulenta de las Fuenfría ― que pero, bueno, eso es muy elástico… – ¿Elástico? ― Doña Consola ― ¿Cómo cuánto exactamente de elástico? – Como muchíssssimo. – ¡Vaya por Dios! ― Y, girándose Consola a su propia hermana ―: ¿Qué te parece? Y la hermana se limitó a ladear un poquito la cabeza y volverla a enderezar como queriendo dar a entender ea. – Ea ― doña Consola ―, no; Visitación. – ¿Pero cómo ― la Fuenfría ― que ea, no? – Pues como que no, sencillamente. – Mira, Consola, yo tengo mucha, pero que muchísima correa, pero, si hay algo que verdaderamente me molest… Porque, ¿quién no ha sido, si es que alguien me lo puede explicar, algo a lo largo de su vida alguna vez? – Ya. Si no ― doña Consola ―: si algo sí. A lo que voy es a es que… – Lo que ella está queriendo decir ― la Fuenfría corpulenta también pero algo menos, dando a la hermana suya unos suaves golpecitos con sus dedos en el antebrazo ― es que quién no ha sido algo alguna vez aunque no fuera lo que estuviese deseando fervientemente ser… – Ah ― la corpulenta ―: ¿Y alguien conoce personalmente a alguien que… – Pues Carlitos. – ¿A quién conoce Carlitos? – A nadie, Zoila ― la Fuenfría corpulenta pero menos siempre fue mucho, mucho más paciente ―: Nosotros, todos, conocimos a Carlitos… – ¿Y qué le pasó? – Bueno ― Consola ―, nos contaron que le dio algo a la cab… – Ya; pero quiero saber qué. – Una apoplejía, o embolia o… – Antes ¡Antes! ― Como muy impaciente la corpulenta. – Pues que nunca fue niño. Fue Visitación, la primera vez que abría la boca en toda la tarde, quien lo dijo. Luego ladeó un poquito la cabeza y la volvió a enderezar como queriendo dar a entender ea. –Nos enteramos, cuando ya era imposible reparar el daño, de que jamás… ¡pero que nunca, eh!, había sido niño… – ¡Caramba! – O, al menos, no un niño como los demás… – Aunque hubo quien, incluso, pretendió dar pelos y señales asegurando haberlo conocido como tal, y aun recordarlo… – ¡Que a ver si no era desfachatez cuando ahí estaba el propio interesado, en persona! – Y que si bueno, pues a ver si es que insistió Hubo Quien – otra vez la hermana ―, ya nadie se va a acordar del nieto de doña Regina, la soprano… –Mamá, en cambio, sí que había sido… – ¿Quién? – ¡Mamá, Gerardo: mamá! – Ah – sordo como una tapia aunque con una memoria buenísima porque, entornando los ojos ―: Rosarito, ¿verdad?, casi siempre. – Con algunas salvedades, claro está, como pudieran serlo… pues, qué te diríamos nosotras ― intercambiando una mirada cómplice, las dos Fuenfría ―: sus clases de equitación o cuando a su abuelo le concedieron aquella cruz de san Fernando, tan laureada; pero, por lo general, o sí o casi… –Y es que, para ser lo que ella era hacía falta tener muchos, pero que muchísimos arrestos y un carácter y un temperamento que, como muy bien dijese Román Corvado, ojito al parche o acordaros de cuando… [][][] Y por supuesto que nos acordamos, cada cual no ya sólo del que estuviera siendo entonces sino de todos los demás componentes de aquella multitud que contemplaba absorta, boquiabierta, cómo mamá se ponía como un verdadero basilisco ...
All rights reserved
2404267785966
La hermana de la que jamás se hablaba
04/26/2024
Crescencia
https://valentina-lujan.es/D/La%20hermana.pdf de la que jamás se hablaba en la familia, como si no existiera, avergonzados todos de cómo una “chica tan guapa y tan modosa” como había sido en la adolescencia y primera juventud hubiera, sin saber cómo, dado un giro tan escandaloso a su vida y convertídose no ya en la madame culta que podía recitar de cabo a rabo y de corrido a poetas como Dante o Ludovico Ariosto, que ello no habría sido ningún desdoro dado lo elegantes que solían ser aquel tipo de meublés y cuán distinguidos los caballeros que los frecuentaban sino la en extremo humillante historia del pescadero. ... Y eso era lo malo, lo que no podían perdonarle, lo que si venía a ser cierto — y no tenía por qué no venirlo porque el chico, además de su defecto físico, tenía poquitas luces y era tirando a cortito — que lo relatado por Albertito el del tuerto (en pie de página sí, y en letra por tanto muy pequeña, pero ahí estaba para quien quisiera echarle un vistazo) era verdad, arruinaría todo el abolengo tan rancio que desde tiempo inmemorial venían acarreando “nosotros, los Fulanitez” (Seudónimo un tanto tópico que utilizamos aquí para no cargar más las tintas del desprestigio sobre unas personas tan respetables y tan dignas).
All rights reserved
First | Previous | Page 15 of 506 | Next | Last
write to us if you want to leave us a message
© 2026 Safe Creative